Lo cierto es que nunca hubiese abierto un blog de no ser por una serie de hechos que tuvieron lugar hace ya un par días. Me encontraba yo sentado, cabizbajo y apesadumbrado pensando en mi inminente futuro laboral; me encontraba yo vagando por lo poco racional de mi cerebro y me entraron nauseas al pensar lo que sería de mí. Si señores aunque no lo crean hace ya tres años decidí estudiar periodismo. El hazme reír de una familia donde el reinado siempre lo han ostentado abogados y economistas, imaginen una maravillosa comida navideña, un centro con muérdago, paneras de plata, decantadores de vino, foie y langostinos y yo en una esquina. Ya tratados los clásicos temas como los viajes familiares o las exquisiteces que se comeran el día de reyes toca hablar sobre economía y como no, la palabra es cedida automáticamente a mis primos, asociados de tal y cual y sabedores de todos los tejemanejes de la capital. Patrimonios acciones y demonios y yo sigo sentado, sin hablar, porque sólo con decir una palabra se me castigará con un sinfín de preguntas de tipo ¿Y tu Diego, a que te vas a dedicar? A esto, suele contestar el mayor de los primos, con su máxima respecto a lo que dará de sí mi vida: "Te vas a morir de hambre". Eso es todo, te vas a morir de hambre y os preguntaréis que hago, pues la verdad sonrió y me muerdo la lengua pues no tengo argumentos para rebatir esa frase que ya empieza a ser un clásico.
Pues bien, el otro día volví a comer con mi primo y por supuesto maldijo mi futura profesión. Esta vez lo que ocurrió es que puse en práctica todos los recursos retóricos habidos y por haber. Esta vez no sonreí, y después de terminada la frase, después de las risas de su madre, de mi padre y de todo el que allí estaba sentado, le hice una pregunta: ¿Crees que aspiro a lo mismo que tú? El silencio lo invadió todo, de repente las persianas se cerraron de golpe y seis fueron las campanadas que se oyeron a lo lejos. Boquiabierto me miro y bajo la cabeza. Antes de que dijese nada yo estaba levantado, con un puño en la mesa y mirando fijamente a sus ojos de ejecuta proseguí: no quiero ser rico querido pariente, no quiero un maravilloso adosado en Majadahonda, ni una vida estable, ni un gran coche. No quiero trepar en una multinacional ni servir de 8 a 8 a las ratas de Wall Street a miles de kilómetros de sus gigantescas colas. ¿Has leído alguna vez un libro?, ¿Te has interesado alguna vez por las inquietudes de los seres humanos?, ¿Ves algo, a parte de cifras? Nadie hablaba, únicamente yo. Primo amado, primo docto en beneficios y contabilidad, yo lo único que busco es escribir y ser leído, nada más, concluí. Después de este pequeño encontronazo se dio el momento al que me he referido al principio y pensé que sería interesante abrir un blog.
Lo único que busco ahora es esto y aquí seguramente seré leído. Las nuevas tecnologías traen problemas que desde mi ignorancia algún día trataré, pero también te dan la opción de construir tu relato existencial, de desahogarte y de que alguien me lea en algún momento. Además, un interesante profesor que tiene un aire a Miguel Ríos me ha dicho que esta es la gimnasia perfecta y que aquí podré encontrar un buen estilo e incluso alguien se puede interesar en publicarme.
Desde aquí mi primer gracias a todos y pido perdón por las faltas ortográficas, un problema que me trae de cabeza y que me esfuerzo por corregir a diario. Respecto a esto último si alguien ve alguna o algunas y me las comenta estaré agradecido, siempre y cuando no se propase ni haga comentarios impertinentes. Al que se propase, lo retare a una tanda de versos al alimón donde estoy seguro, no tendrá nada que hacer.